The Independent

Imágenes del Pasado: A Wedding Party

A wedding party photographed at La Punta de la Mesa, near Willard, c1930. The image shows Mr. Francisco Luna and the former Ms. Rita Jaramillo on the day of their wedding accompanied by their respective parents and padrinos. In the background, from left to right, are Mr. and Mrs. Pedro Jaramillo of Arroyo Colorado and Mr. and Mrs. Mateo Luna of La Punta de la Mesa. In the foreground are Mr. and Mrs. Alberto Baca (brother-in-law of the groom) and Mr. and Mrs. Francisco Luna. Mr. Jaramillo was born in Los Chávez in 1864, but moved to Manzano as a child with his parents, marrying the former Ms. Amadita Chávez of La Ciénega in 1888, with whom he had eight children. Following their marriage, Mr. Jaramillo acquired a 100-acre farm in Arroyo Colorado, just southwest of Manzano, where he and his family earned a living harvesting dry beans, cane, and corn. He is remembered as a warm and kindly grandfather, short and thin in stature, with a wooly white beard and mustache, who liked to spend time smoking a pipe on the porch as he became increasingly blind and unable to work in the fields. After being widowed in 1945, Mrs. Chávez lived in Belén with her daughter’s family, where she died at the age of 87 in 1959. A quarter to half-blood Apache, Mr. Mateo Luna was born in La Ciénega in 1861, marrying in 1882 the former Ms. Pablita García, also of La Ciénega, with whom he had eight surviving children. During the early 1900s, along with his brother-in-law, José Antonio García, Mr. Luna became one of the first settlers of the wide open country just south of present-day Willard that became known as La Punta de la Mesa. Up until the 1930s, Mr. Luna earned his living raising sheep and became a prosperous sheep-man. A man of tremendous work ethic and energy, he seemed to his grandchildren to be perpetually in motion and was described as a tall, thickset man with a big white mustache who combed his thick hair all to one side and was always to be seen wearing a tall, wide-brimmed felt hat with a crease at the top as was fashionable at the time. Widowed in 1942, Mr. Luna lived to be a centenarian, dying in Mountainair and being buried in Willard, at the Catholic parish which he and his family had helped found in 1913.

Un casorio en La Punta de la Mesa, cerca de Willard, a eso de 1930. El imágen muestra al señor Francisco Luna y su esposa, la señorita Rita Jaramillo, acompañados de sus padres y padrinos. Atrás, de izquierda a derecha están los señores Pedro Jaramillo y Amadita Chávez del Arroyo Colorado y los señores Mateo Luna y Pablita García de La Punta de la Mesa. Enfrente están los novios acompañados de sus padrinos, los señores Alberto Baca y Eloisa Luna (cuñado y hermana del novio). El señor Pedro Jaramillo había nacído en Los Chávez en 1864, pero fue a dar al Manzano de niño, donde se casó en 1888 con la señorita Amadita Chávez de La Ciénega con quien tuvo ocho hijos. Ya después, don Pedro adquirió un rancho compuesto de cien acres al suroeste del Manzano en el Arroyo Colorado donde se hizo la vida por la siembra de frijol, caña y maíz. Se le recuerda como un hombre bueno y agradable, de media estatura, con la barba blanca y el bigote largo, a quien le gustaba pasar tiempo fumando la pipa en el portal ya que en sus últimos años se hizo muy ciego para trabajar. Después de quedar viuda en 1945, la doña Amadita vivió en Belén con su hija, donde murió a la edad de 87 años en 1959. Teniendo mucha sangre de Apache, el señor Mateo Luna había nacído en La Ciénega en 1861, casándose en 1882 con la señorita Pablita García de La Ciénega, con quien tuvo ocho hijos. A principios del siglo XX, junto con su cuñado, el señor José Antonio García, don Mateo fue uno de los primeros para enfincar rancho sobre el llano más allá de Willard, en el lugar que se dió a conocer como La Punta de la Mesa. Ya después, don Mateo se ganó la vida criando borregas y se convirtió en uno de los rancheros más prosperados de la región. Siendo hombre enérgico y trabajador, les parecía a sus nietos que el viejito no estaba a gusto sin estar trabajando y que no dejaba de estar moviendo. En su parecimiento, don Mateo fue descrito como un hombre grueso y alto de estatura, siempre con el sombrero puesto, con el bigote grueso y el copete peinado todo para un lado. Aunque quedara viudo en 1942, don Mateo llegó a cumplir los cien años de edad, falleciendo en Mountainair y siendo sepultado en Willard, la parroquia católica de la que él y su familia habían ayudado a fundar en 1913.